
Fotografía intervenida.
Noto tu mirada vacía, desde el otro lado de la habitación. Sé que me ves, puedo sentirte, más no como las otras veces, esta vez ya no expresas nada. Solo me miras fijamente, tus ojos están completamente abiertos y fijos en mí pero no te mueves.
Te quedas ahí, tan calmado.
No amanece aún todo permanece en silencio, la noche era magnifica, una suave brisa recorrió nuestros cuerpos, un escalofrío fugaz, electricidad; mientras tus labios tocaban los míos.
Dormimos.
Desperté.
Te vi de pie, con lagrimas en el rostro y pidiéndome perdón. Te vi de pie y cerré los ojos. Luego lo escuché, luego, lo sentí recorrer mi ser. El sonido que irrumpió el silencio imperante en la habitación.
Un estallido.
No creí que fueras a hacerlo, perdón por no detenerte, creí que jugabas como otras tantas veces.
Tu cuerpo se desvaneció de pronto y quedo tendido en la esquina del cuarto.
Mientras tus ropas se teñían de rojo, y tu boca se entreabría.
Suaves lagrimas escaparon, y recorrieron mis labios, mis brazos intentaron abrazar tu sombra.
Mientras mi vida se teñía de gris, fría y opáca. Algo había muerto dentro de mí, lo habías asesinado.
Algo explotó en mi interior cuando jalaste del gatillo, pude sentir como bajaba por mi columna vertebral y se expandía por cada rincón de mí ser. Algo murió contigo.
Las luces del exterior dibujan tu silueta, me dejan ver tu expresión, me dejan ver tu rostro, tu dulce rostro. Sigues observándome, aun me ves, aun te siento, Aun te amo.