Recuerdo que era sábado, un sabado de marzo. No había nada mas que hacer en sabado que dormir, leer, tener citas con Fellini o salir a caminar.
-A caminar será, me dije en voz alta.
Até las agujetas de mis tennis, y salí a ahuyentar al mundo.
Crucé calle tras calle, cantando, platicando con el cielo y diciendole mi vida. Mucha gente suele notar a la chica que habla sola, pero muchos no me hacen caso, solo disimulan y me ven de reojo con esa actitud característica de los adultos.
Noté que el me miró, descaradamente, curiosamente. Y lo ví de vuelta.
Delgado, con un aire de fragilidad y unas ojeras a las que no pude resistirme.
-Hola
-Hola
Habiamos intercambiado palabras ya, luego de preguntarnos los nombres y las edades nos encontrabamos hablando comodamente de nuestras vidas y de como compartiamos cierta afición por los helados de pistache.
-Algún día te invitaré uno
Me dijo mientras pateaba una piedra. Lo recuerdo, por que tuve que esquivarla.
Caminamos por cuadras y cuadras, paso tras paso compartiamos sonrisas. Decidimos sentarnos en una jardinera que estaba en una esquina.
Posé mi cabeza sobre su hombro como si lo conociera de años, y nos quedamos escuchando los sonidos de la calle, yo contaba las veces que respiraba, sin que él se diera cuenta.
Empezó a anochecer, tenía que regresar a mi casa, pronto.
-Ya tengo que regresar
Le dije.
-¿En serio me vas a dejar solo aquí?
-Sí
-Bueno, pero vete rápido
-¿En serio?
-No
Al levantarme, me tomó de las manos y voltee a verlo, después de unos segundos de miradas me besó, no supe que decir, que sentir, que hacer. Solo me quedé ahi, de pie.
-Ya me voy
-Bueno
-Te veo, algún dia de estos.
-Claro
Lo ví dos veces después. A la distancia.
Pero compartimos más en una tarde, que muchos en toda su vida.
martes, 3 de febrero de 2009
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